lunes, 5 de diciembre de 2011

Peulla y volcanes

Después de una cena muy agradable, aunque no por la comida sino por la compañia, regada con un buen vino y pisco sour para rematar la noche, dormimos como reyes, en el que probablemente sea el mejor hotel de todo el viaje, en una cama de dimensiones astrónomicas inmersos en plena naturaleza. El nuevo día empezó con un relajante desayuno admirando el paisaje bucólico que nos rodeaba. Aquí repusimos fuerzas para lo que nos esperaba, el “canopy”! Nos contaron que la palabra “canopy” tiene origen latino y viene de “canopia” que significa el dosel o parte alta de los árboles. Hicimos “canopy” colgados por cables de acero a lo largo del bosque situado cerca del hotel. Lo primero fue equiparnos debidamente con el arnés, guantes, cascos, etc. Ismael estaba muy gracioso con equipo ; ). Hay fotos que dan fé de ello. Los guías nos dieron dos intrucciones básicas (cómo frenar y cómo tomar velocidad) y a empezar a andar y subir hacia la primera plataforma! Supongo que al principio todos estábamos un poco nerviosos. Después del primer cable que hicimos tomamos confianza y disfrutamos a tope. Ismael siempre era el primero en tirarse, así comprobábamos el estado del cable y nos asegurábamos que aquello resistía lo suficiente ; ) Después de casi una hora yendo de árbol en árbol y deslizándonos por los cables, llegamos a la última plataforma, donde no habia escaleras para bajar. Teníamos que bajar haciendo rapel! Los guías controlaban la velocidad de la bajada con las cuerdas. En el primer tramo nos dejaron, sin previo aviso, un segundo en caida libre y a todos nos subió la adrenalina e irremediablemente soltamos un grito. En la segunda bajada, como Luis e Ismael ya se conocían el truco, no gritaron pero Lourdes y yo, a pesar de saberlo también, soltamos un grito aún mayor que el primero. La visión del bosque desde arriba es muy diferente de cuando vas caminando. También nos hubiese gustado hace kayak pero no estaba operativo hasta enero que es la época fuerte de verano. Muchos senderos para hacer caminatas no estaban tampoco operativos, los caminos estaban casi borrados después del duro invierno. Así que fuimos andando por la carreta de ripio que une esa zona con Argentina hasta llegar a un granja donde había muchos animales diferentes: desde jabalíes y llamas hasta avestruces patagónicos. Regresamos y preparamos un picnic al cobijo de la sombra de un árbol. Lourdes y yo hicimos un último paseo cortito hacia el inicio del sendero de “Laguna Margarita” antes de caminar hacia el embarcadero desde donde el catamarán partía a las 16.30. Había sido un fantástico día, pero aún nos esperaba una sorpresa. Afortunadamente, el día estaba totalmente despejado y mientras el catamarán avanzaba a través del Lago Todos Los Santos (se llama así porque se descubrió un 1 de noviembre), ante nosotros se empezó a descubrir un paisaje espectacular al que no dabamos crédito, estábamos contemplando los majestuosos volcanes de el Puntiagudo y el Osorno. El contraste del color blanco de la nieve sobre estos volcanes, junto con la naturaleza verde que los rodeaba y color azul del lago, daban origen a una fusión cromática de belleza indescriptible... no nos cansábamos de mirar y admirar esta mágica postal que quedará grabada en nuestras retinas por mucho tiempo. El viaje se nos hizo corto y poco a poco fuimos dejando atrás a los volcanes que siguen respirando desde lo más profundo de la tierra, como llevan haciendo desde hace cientos de años. Cuando llegamos a Puerto Varas recorrimos un poco las calles principales y acabamos nuestro paseo en la costanera. Desde aquí divisamos el Cerro Tronador y el volcán Puyehue junto con la gigantesca nube de cenizas que expulsa continuamente desde que este año entró en actividad. Las cenizas de esta nube se mueven en la dirección del viento que las arrastra exparciéndolas por doquier. Para suerte de los chilenos y para desgracia de los argentinos, la cenizas llevan meses que están siendo desviadas hacia poblaciones de Argentina situadas detrás de la cordillera de Los Andes, lo que ha supuesto un fracaso total para todo el turismo de la zona.
Despues de todo este fantástico día inmersos en la naturaleza, qué más podíamos pedir? Ah, sí! Una rica cena con congrio para algunos y carne para otros.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Peulla


Comenzamos la mañana muy temprano, aunque amanece aún antes. Desayunamos y nos recoge en el mismo hotel Andrea, la guía que nos lleva en todoterreno a visitar los Saltos de Petrué. En un área formada por lava basáltica, el río Petrué se desencadena a través de imposibles saltos en los que la roca apenas si está erosionada. Tenemos poco tiempo para deleitarnos y para echar fotos. Vemos las cascadas desde un pequeño bote y nos mojamos con la espuma y la increíble potencia del agua.

El ferry hacia Peulla nos espera a las 10:30. Mientras cruzamos el lago de Todos los Santos vamos pensando en las actividades a realizar a la llegada. Pellúa es una zona plana situada entre altas montañas, de origen glaciar y volcánico. Los primeros pioneros se asentaron aquí a principios del siglo XX; uno de ellos, Ricardo Roth fue además un visionario, impulsando el turismo. Suya es la Isla Margarita en mitad del lago, así como la compañía que nos lleva en bote. El gobierno chileno declaró la zona Parque Nacional en 1926, pero otorgó a los pioneros tierras en reconocimiento al trabajo realizado y también para asentar su soberanía sobre esta zona de los Andes.

Llegamos a Peulla y nos abruma la belleza de la naturaleza. El lago, precioso, termina en un embarcadero que da paso a unas llanuras fértiles rodeadas de laderas densamente pobladas con árboles. El hotel en el que nos alojamos es entero de madera y a nuestros ojos un lujo. Comemos unos sandwich y Lourdes y yo salimos disparados para nuestra primera actividad, una cabalgata a caballo a través del valle hacia la Isla Negra.

Es la primera vez que hacemos una ruta de este tipo. Nos dan unos caballos mansos, Mariposa y Durandago, y empezamos a acostumbrarnos a los animales. Por suerte nos compenetramos razonablemente bien, lo suficiente al menos para no dar con nuestros huesos en el suelo. Nuestros compañeros de actividad nos apoyan lo suficiente y así empezamos a descubrir el valle. Cruzamos praderas donde vemos llamas, jabatos, terneros, ovejas, otros caballos; vemos a pequeños azores llamados tiuques jugar entre ellos dando chillidos y a otras aves de largo pico, como los queltehues. Cruzamos un río a caballo y pasamos por bosques escondidos bajo el musgo y la humedad. Los caballos son nobles y nuestra ruta de dos horas y media resulta un éxito.

A la vuelta sólo podemos pensar en descansar. Nos duchamos y nos reencontramos con Caro y con Luis, que han hecho lo propio. Una caminata hasta el lago nos permite disfrutar con más calma del camino. Ducha y cena en el hotel, que a pesar de su lujo, nos decepciona; suponemos que aún están a medio gas, la temporada alta de turismo empieza en enero. Jugamos a cartas antes de que el sueño llame a nuestra puerta.

sábado, 3 de diciembre de 2011

LAS CASAS DE LOS COLONOS

El viaje fue pesado. Realmente la distancia entre Pucón y Puerto Varas no llevaría tanto tiempo pero las continuas paradas en todos los pueblos y ciudades del camino lo alargaron mucho. A esto se unió que era viernes tarde y todos los chilenos salían del trabajo en coche, intentando llegar lo antes posible a su destino. Ya es el segundo gran atasco que pillamos, el primero fue en Santiago.

Llegamos a Puerto Varas a las diez de la noche, bajamos toda la calle principal y volvimos de nuevo a subir una lateral para llegar a nuestro hotel Boutique Ignacia Villoria.

Tarde como es, dejamos las mochilas y nos vamos corriendo a cenar. Estamos en un poblado alemán y qué mejor que comer en un típico sitio alemán de esta zona chilena. El paso de los años ha hecho que nada sea totalmente alemán o chileno, todo se convirtió aquí en un mezcla de ambas culturas. El restaurante es la casa Alemana, la cena está muy buena y es abundante, demasiado, todos salvo Isma acabamos con dolor de tripa. Volvemos a comer congrio en diferentes variedades, parece ser el pez estrella de este país porque en las cartas aparece cocinado de unas treinta maneras: frito, hervido, grillé, papillote, a lo pobre.. Acabamos nuevamente el día acostándonos tarde, intentamos sacar el máximo jugo a cada rato.

El primer día en esta zona será para conocerla un poco más, sus pueblos, historia, arquitectura... qué mejor que recorrer con un coche sus rincones.

Partimos por la panamericana, la ruta 5, hacia el norte, un poco perdidos porque realmente queríamos bordear el lago y disfrutar de sus vistas. La primera localidad es Llanquihue, un sitio pequeño, un pueblo partido por las vías del tren que cuesta atravesar, sólo dos puntos permiten el acceso a la playa. Unos cisnes de cuello negro de piedra están en el mar, son el símbolo del lugar. Algunas casas nos llaman la atención por su belleza, son antiguas y como todas, hechas en madera. Conservan el estilo de construcción que usaron los primeros colonos, madera listada o tejuelas para recubrir todas las paredes exteriores y protegerlo del frío y la humedad; parecen casas escamadas, como los peces. Todos los colores son posibles aquí.

El siguiente destino es Frutillar, el pueblo más conocido y bonito de los que bordean el lago. Lo forman únicamente dos calles que se extienden paralelas a la orilla del lago a lo largo de más de un kilómetro. Es famoso por la belleza de sus casas, pero también por su auditorio construído robándole espacio al agua. En madera de colores y con una amplia cristalera, llama la atención por su originalidad y diferencia con el resto de construcciones. Parece que nos hemos trasladado a Alemania, los jardines de las casas son perfectos, muy cuidados, las flores relucen con mil colores, hasta el tiempo es gris y lluvioso. Es el primer día que nos llueve, demasiada suerte estamos teniendo. No nos molesta mucho, realmente veníamos con la idea de mojarnos en Chile, sólo algo nos fastidia y es no disfrutar de la impresionante vista del lago, esa en la que vemos el volcán Osorno, majestuosos y amenazante, destacar sobre todo el paisaje. El día es gris y la previsión no mejora, no nos querríamos ir de Puerto Varas sin disfutar de su visión.

Comemos en el pueblo, aprovechamos para descansar y calentarnos y visitamos el museo de los colonos. Llegaron a la región en su mayoría desde Alemania, ocuparon las tierras cedidas por el gobierno chileno para desarrollar la región, echando a los antiguos pobladores de la zona, los mapuches. En principio se dedicaron a la ganadería y agricultura, pero con los años ocuparon todos los sectores y muchos se enriquecieron en el país. El museo cuenta sus historias y reproduce diferntes viviendas, de ricos y pobres, un molino de agua y un recinto con herramientas de labranza.

Antes de irnos, atendemos a las recomendaciones que nos hicieron en la Oficina de Turismo en Madrid y comemos kuchen, un dulce típico alemán que los colonos popularizaron. Muy rico y muy dulce, al menos en las variantes de frutos del bosque, manzana y plátano que probamos.

El último pueblo que visitaremos es Puerto Octay, parecido a los anteriores, aunque sólo Frutillar conserva la belleza de lo que fue, las casas están perfectas, demasiado, diría. En Puerto Octay hay casas que demuestran el paso de los años, la madera necesita de más mantenimiento que otros materiales, y parece que sólo las que se convirtieron en negocios se conservan bien. Nos asomamos a una que ahora es un hotel, parece que estamos en el lejano oeste.

Después de este largo día, nos volvemos a Puerto Varas para pasear un poco junto al lago y por sus también famosas casas de colonos. Cenamos un plato de jugosa ropa vieja en un restaurante cubano y sin más que ver, nos volvemos al hotel. Mañana tendremos que salir pronto hacia Peulla, mejor retirarse. Nos vamos a la cama con el deseo de que el Osorno amanezca para nosotros y poder disfrutar de su visión.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Transición

Después de la paliza del volcán, nos tomamos este día como un descanso. Conducimos el coche alrededor de Pucón; nuestro objetivo es visitar la región. Esperamos ver algunas famosas cascadas y aprender un poco sobre los indios de las cordilleras andinas, los mapuches.

Comenzamos visitando los Ojos de Caburgua. Es una confluencia de varios ríos, enclavado en frondosos bosques que se reflejan en aguas azules, azulísimas. Nos impacta mucho el azul que parece irreal, tan rodeado de verde está. Nos entran unas ganas terribles de sumergirnos en el lago pero el baño está prohibido. Nos contentamos con llenar el pozo de nuestra alma con los colores, la espuma y las profundas raíces de los árboles de este lugar.

Aprovechando el coche, rodeamos los Ojos por el paso del Cristo y nos acercamos desde otra perspectiva. Allí encontramos a un muchacho israelí que nos pide acompañarnos. Al parecer, los israelíes son turistas asiduos en Chile, viaje que realizan después de realizar el servicio militar en su país; Chile es una parada tras Perú y Bolivia, y antes de Argentina y el carnaval en Brasil.

Aún nos acercamos a visitar algunas cascadas más, las de Bellavista. Dejamos a nuestro acompañante temporal y nos dirigimos a visitar uno de los lugares mapuches. Es una travesía algo confusa e intuitiva; nos da la impresión de que deliberadamente no se ha señalizado adecuadamente el camino hacia estos lugares mapuches. Cruzamos un precario puente colgante en el que apenas cabe nuestro coche, para gran susto de nuestras chicas y disfrute de Luis y mío. Y perdido en un recodo del camino, por fin llegamos a Rokahue.

Nos atiende una mujer que nos habla mitad en mapuche y mitad en castellano. Nos presenta el tipi en el que se vivía y algunos de las herramientas habituales; cunas, tejedoras, aperos. En las ropas, predominan los tejidos de lana teñidos con cortezas. Vemos también su árbol sagrado, el canelo, y algunos de los instrumentos musicales con los que ejecutan algunos de sus rituales. Aprendemos que las comunidades mapuches, alrededor de treinta en las proximidades de Pucón, se reúnen habitualmente para celebrar y para orar a sus dioses. El culto aún se mantiene y los ancianos dirigen y dan instrucciones a su comunidad.

Sin tiempo para más, dejamos el coche de vuelta en Pucón y cogemos el autobús que nos lleva al sur, al sur, al sur.

jueves, 1 de diciembre de 2011

ALGO INOLVIDABLE


Llegó el día D, la hora H, por cierto, vaya hora, las seis de la mañana! El momento M, un punto de inflexión en el viaje, quizá, casi seguro el más exigente física y mentalmente. Hoy nos espera, claro está, la ascensión al volcán Villarrica. 

Desde que lo contratamos soñamos y tenemos pesadillas con él. El volcán Villarrica es un enclave maravilloso, una montaña perfecta, la que pintaríamos niños y mayores si nos piden dibujar un volcán. El interés de este sitio no es sólo uno. Estamos ante un volcán cubierto de nieve, que además está activo y llameante. Vale exagero, sólo expulsa gases pero constantemente. Por eso subirlo no es sólo cuestión de forma física, también el tiempo influye mucho. Se asciende por la cara norte y si hay viento en el cráter que lanza los gases hacia la cara de subida, la excursión se cancela. Si el tiempo es malo también. Son muchos los peligros que pueden sorprender en esta montaña, más de los normales.

Pero todo hoy parece estar de nuestro lado. Nos recogen en el hotel y nos llevan al punto de salida. El equipo ya lo conocemos, tuvimos que probárnoslo el día anterior y con él parece que vamos a conquistar el Everest con Edmund Hillary. 

Emprendemos la marcha, el volcán se ve claramente perfilado durante todo el camino, como amenazante. El microbús deja al grupo en la base de la montaña, desde aquí ni se ve la cima. Comenzamos a subir, en primer lugar hasta la base de los remontes usados normalmente en épocas de ski. Creo que prometí hace tiempo que nunca subiría en nada igual, que no lo necesitaría porque no me gusta la nieve. Aquí subir en el telesilla ahorra un desnivel de 400 metros, no se hable más, lo cogemos. Este artilugio da algo de pánico, te sientas en marcha y nada te sujeta a la silla, además llevas una mochila de unos 6-7 kilos delante tuyo. No es aconsejable estornudar. La bajada es lo más sencillo, dos hombres ayudan a los pasajeros a saltar del asiento, están acostumbrados a la poca experiencia de los turistas. A partir de aquí se acabaron las ayudas, ahora todo el trabajo tiene que ser hecho por uno mismo.

Los siete guías que nos acompañan dan instrucciones de como actuar en la subida, como se usa el piolet, que hacer en caso de caída por la pendiente. Es preferible no tener que poner en práctica esto último, cuando caemos no creo que haya tiempo de aplicar instrucciones tan complejas. Espero que el instinto de supervivencia nos dicte qué hacer.

Se asciende haciendo eses, la única forma de hacer más liviana la gran pendiente. Es mejor fijar la vista en el camino, mirar hacia arriba nos recuerda el largo camino que queda, hacia abajo es peor, sólo nos hace imaginar una laaaarga caída sin nada que nos frene... El volcán está ocupado por turistas que en sus ascensiones, parece que estuvieran arañando el monte, extrayéndole la salvia. En algunos tramos son tantas las pisadas que se ha formado una escalera. Se agradecen estos tramos más sencillos para la ascensión.

Rápidamente los españoles formamos el vagón de cola, sólo unos suecos se quedan a nuestro ritmo. El resto, europeos, israelíes y quizá algún norteamericano avanzan con total ligereza. Sebastián, uno de los guías, nos acompañará todo el camino. La guía Francis también pasa bastante tiempo con nosotros. Gracias chicos! Así pasamos más de tres horas, ascensión, parada para tomar fuerzas, crema y más crema, cacao, agua, barrita, y a seguir. Somos una procesión con sus paradas, su sufrimiento. Pero las vistas son únicas, el valle, la nieve, las montañas, y el cráter cada vez más cerca. Hay momentos en los que parece que el desfallecimiento vence, pero las ganas de llegar pueden con todo. Y ahí está! El humo y el olor a azufre nos golpea la cara, desagradable, pero la señal de que estamos en la cumbre. Nunca vimos nada igual, nunca llegamos a ningún sitio parecido, una experiencia inolvidable. 

Paseamos por la cima, la nieve continua acaba de perderse, pero incluso dentro del cráter se ven restos de nieve que resisten las temperaturas. No se llega a ver el fondo, no brota lava, la nube es tan densa que no vemos prácticamente hacia dentro. Pasamos poco rato en la cumbre, no es sano estar allí, y siendo los últimos tampoco tenemos demasiado tiempo que perder.

Ahora nos espera el descenso, si la subida fue dura y larga, la bajada se puede eternizar. Pero una sorpresa nos espera, ya nos habían dicho que podía hacerse y la verdad, no nos dan opción. Nos vestimos para conquistar el Everest, parecemos buzos, no tenemos casi movilidad, y así ahí vamos, a lanzarnos en trineo! El trineo es una especie de escupidera plana, al menos eso me recordaba. Desde la misma cumbre nos sentamos en la parte alta del columpio y nos dejamos caer, allá vaaaamoooos!! Cuando la chorrera se acaba hay que buscar otra, colocarse, poner el piolet a modo de timón y vuelta a la diversión. El peligro parece poco, aunque más de una vez nos salimos del camino trazado y acabamos rodando o dando volteretas, es fácil coger mucha velocidad, controlarlo necesita de práctica y no tener miedo. 
Perdemos el piolet, rodamos, gritamos, golpeamos al de delante, todo puede pasar porque el peligro es poco. Y al final descendemos en cuarenta y cinco minutos!!! Y si quitamos las explicaciones y esperas para dejarse llevar por el trampolín, quizá podamos reducirlo a veinte. Sí, tanto esfuerzo para acabar bajando en tan poco tiempo. Y es que vale mucho la pena, ha sido tan divertido que repetiría! Pero no mañana.

Vuelta a Pucón, en el camino es imposible dejar de admirar la montaña conquistada. En la oficina bajamos y compartimos un rato de charla con los guías y resto de participantes. Los chicos nos dan el plan perfecto para la tarde, las termas Los Pozones. Una tierra volcánicamente activa tiene sus ventajas e inconvenientes. Los pueblos tienen una caseta que indica si hay alarma volcánica, la última erupción del Villarrica fue en 1960, y no es el único en la zona. A su vez, la zona está llena de termas de muy diferentes ambientes, para todos los gustos.

Los Pozones son seis pozas al aire libre en un entorno idílico, junto al río, rodeados de árboles de más de diez metros de altura. Las temperaturas varían unos veinte grados, entre veinticinco y cuarenta y cinco. Difícil aguantar en algunas de ellas. Vamos cambiando de unas a otras, hay que probarlo todo, saltamos de la templada a la caliente.

El día ha sido completo, no podríamos pedir más, hemos disfrutado, nos hemos relajado, reído, sufrido. Sólo queda reponer fuerzas y caer rendidos como si fueramos niños de dos años. Nos lo hemos ganado.

La naturaleza en Chile


Llevamos sólo dos días en contacto con la naturaleza chilena y son muchas las sensaciones que hemos tenido. Por ejemplo, al ir descubriendo cada nuevo árbol, un nuevo animalito, olores diferentes, paisajes sobrecogedores...todas estas sensación quedan perfectamente resumidas en este hermoso párrafo escrito por Pablo Neruda:
...Bajo los volcanes, junto a los ventisqueros, entre los grandes lagos, el fragante, el silencioso, el enmarañado bosque chileno...Se hunden los pies en el follaje muerto, crepitó una rama quebradiza, los gigantes raulíes levantan su encrespada estatura, un pájaro de la selva fría cruza, aletea, se detiene entre los sombríos ramajes. Y luego desde su escondite suena como un oboe...Me entra por las narices hasta el alma el aroma salvaje del laurel, el aroma oscuro del boldo...El ciprés de las guaitecas intercepta mi paso...Es un mundo vertical: una nación de pájaros, una muchedumbre de hojas...Tropiezo en una piedra, escarbo la cavidad descubierta, una inmensa araña de cabellera roja me mira con ojos fijos, inmóvil, grande como un cangrejo...Al pasar cruzo un bosque de helechos mucho más alto que mi persona, un tronco podrido, qué tesoro!...Hongos negros y azules le han dado orejas, rojas plantas parásitas lo han colmado de rubíes, otras plantas perezosas le han prestado sus barbas y brota, veloz, una culebra desde sus entrañas podridas, como una emanación, como que al tronco muerto se le escapara el alma...Más lejos cada árbol se separó de sus semejantes...Se yerguen sobre la alfombra de la selva secreta, y cada uno de los follajes, lineal, encrespado, ramoso, lanceolado, tiene un estilo diferente, como cortado por una tijera de movimientos infinitos...Vuela una mariposa pura como un limón, danzando entre el agua y la luz..En la altura, como gotas arteriales de la selva mágica se cimbran los copihues rojos...El copihue rojo es la flor de la sangre, el copihue blanco es la flor de la nieve...En un temblor de hojas atravesó el silencio la velocidad de un zorro, pero el silencio es la ley de estos follajes...Apenas el grito lejano de un animal confuso, la intersección penetrante de un pájaro escondido, el universo vegetal susurra apenas hasta que una tempestad ponga en acción toda la música terrestre.
Quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El parque nacional de Huerquehue

Huerquehue significa en mapuche "el lugar de los mensajeros". Es nuestro destino del día.

Llegamos por la mañana algo cansados después del viaje nocturno en autobús. Fueron doce horas, y por suerte por la noche, porque durmiendo se nos hicieron más cortas. De hecho, a Carolina se le hicieron brevísimas porque durmió once horas. Los demás no fuimos tan afortunados.

Cuando llegamos a Pucón, nuestra primera impresión fue la de un pueblo vaquero. Vemos muchísimas aves rapaces volando en las mismas calles y apoyadas sobre postes de la luz, casas o en el mismo asfalto. La disposición es de calles rectilíneas y pocas manzanas (cuadras) en las que hay sobre todo agencias de multiaventura y turismo, restaurantes y supermercados. El pueblo está muy enfocado al turismo. Caminamos hasta el hotel -el Lounge Brasil- donde nos espera la dueña, una mujer muy risueña y sonriente. Es una casita de madera con tejado a dos aguas; Lourdes e Ismael se alojan en la habitación Oveja, y Caro y Luis en la habitación Gorila. Claramente han hecho un estudio antropológico antes de alojarnos. Nos gusta el estilo, relajado y acogedor.

Después de dejar el equipaje corremos hasta la agencia que nos llevará al parque. Nos llevamos una sorpresa; La agencia consideró que nuestra reserva estaba "no confirmada", a pesar de todos los correos que intercambiamos con ellos en los que nos indicaban lo contrario. Al parecer, un fallo del operador telefónico. No nos lo creemos y nos apuntamos mentalmente el volver a contactar con todas nuestras reservas para asegurarnos.

Al final nos meten en uno de los grupos que ya habían salido hacia el parque nacional y salimos disparados a hacer la ruta de los lagos, que nos llevará a visitar el lago chico, el lago verde y el lago toro, rodeados de enormes y ancianas araucarias, con las montañas nevadas encuadrando el conjunto. El guía nos explica los distintos árboles que vamos encontrando y encontramos algunas arañas curiosas (como la araña pollito) por el camino hacia los lagos. Es una ruta sencilla que compartimos con unos simpáticos estadounidenses, que sin embargo nos retrasan un tanto por su edad avanzada.

A la vuelta corremos de nuevo a visitar la agencia de viajes para mañana, que nos llevará hasta lo alto del volcán Villarica. ¡Tenemos que probarnos el equipo de nieve antes de subir! ¡Qué nervios!