domingo, 11 de diciembre de 2011

Glaciares lejanos

Es nuestro segundo día en el parque nacional de las Torres del Paine. Nuestro plan es llegar por la mañana al Refugio Grey para hacer la ruta del glaciar durante el día. Para ello tenemos que coger algunos autobuses y un catamarán, en una combinación compleja que nos han asegurado está sincronizada.

Lo primero que hacemos es coger a las 09:00 el transfer del Refugio Torres, que en teoría nos enlaza con el autobús de línea regular que viene de Puerto Natales camino del embarcadero del catamarán. Después de todas las consultas que hicimos, resulta que no, que no están sincronizados los tiempos y que tenemos que esperar a que venga el autobús de línea regular desde las 09:15 hasta las 10:00. Eso quiere decir que no vamos a poder coger el catamarán antes de las 12:00; casi toda la mañana perdida. El autobús de línea regular llega efectivamente a las 10:00 y nos deja en el embarcadero, donde esperamos un poco más para poder coger el catamarán. A las 12:45 por fin estamos en el Refugio, no muy contentos con la poca rigurosidad que hemos encontrado.

En fin, poco podemos hacer, más que ponernos los zapatos y comenzar de nuevo a andar. La ruta es mucho más llana que la del día anterior y nos lleva en paralelo al lago Grey. Hace buen día, pero un terrible viento nos azota cada vez que nos asomamos al lago. Menos mal que durante la mayor parte del tiempo estamos protegidos por árboles y por las propias colinas alrededor del lago.

La primera mitad de la ruta termina en un mirador desde el que se ven las dos mitades del glaciar, divididas por un islote. No parece gran cosa desde lejos, pero es que aún estamos a varios kilómetros de distancia. El glaciar Grey se alimenta desde el llamado Campo de Hielo, una enorme extensión nevada que alimenta a varios glaciares en la Patagonia. Carolina y Luis lo dejan en este punto; este glaciar no es comparable al Perito Moreno, que ellos ya han visto en Argentina. Lurdes y yo continuamos. La segunda mitad del camino es muy parecida a la anterior, pero se vuelve un poco más rocosa. Al final, quedamos frente a una de las mitades del glaciar. Aunque aún está lejos, distinguimos su magnitud y escala. No hay muchas oportunidades de ver una lengua como esa, azul y blanca, chocante contra el verde de la vegetación y el gris de la montaña.


Con las piernas cansadas volvemos de nuevo a nuestro Refugio. Las rutas van pasando factura que nuestro cuerpo intenta recuperar con la comida y con el poco descanso que le damos. Mañana, Lurdes y yo nos levantaremos a las 05:30 para completar la parte que podamos de la ruta del Valle Francés antes de que tengamos que despedirnos del Parque.


sábado, 10 de diciembre de 2011

Cuatro estaciones en un día

El pack lunch en el refugio es muy completo; bocadillo, barrita energética, agua, fruta y un brownie. Lo cargamos en nuestras mochilas junto con un poco más de agua y todo tipo de ropa; pantalones contra lluvia, guantes, gorros... no sabemos qué tiempo nos va a hacer. El cielo anuncia nublado y chispea un poco.

Comenzamos a caminar tras el desayuno, no demasiado temprano. Luis nos cuenta que Caro se despertó anoche como en una pesadilla, menos mal que esta vez dormía en la litera inferior. Sólo un susto, quizás debido a que estamos cenando tarde y acostándonos pronto.

La ruta de hoy es quizás la más exigente de todas las que vamos a hacer. La primera parte es toda subida pero sin excesiva pendiente. Aprovechamos para fijarnos en los pájaros, los hay preciosos. Los prismáticos de Lurdes se hacen valiosos. Comienza a chispear, y según ascendemos, la lluvia se convierte en nieve. Pronto tenemos los pantalones empapados, y aunque nos ponemos los cubres de lluvia, ya los tenemos mojados. Seguimos la subida como mejor podemos; hace frío y la cuesta con agua se hace más difícil. Tampoco podemos ver mucho paisaje por las nubes.

Después de un rato que se nos hace interminable, conseguimos superar la primera mitad, y nos encontramos en un valle entre los montes. La vegetación cambia completamente, y de andar entre arbustos pasamos a andar entre árboles frondosos y verdes que bordean arroyos de montaña y ocasionales puentes colgantes. Inmediatamente tras superar la cuesta inicial nos detenemos en el Refugio Chileno, donde nos despojamos de la ropa mojada que secamos en una concurrida estufa. Esperamos algo más de una hora a que el tiempo escampe y a que nuestras ropas se sequen, mientras tanto comemos y reponemos fuerzas.

Con el tiempo algo más amigable, continuamos la ruta cerca del mediodía. Este nuevo paisaje nos fascina; subimos y bajamos colinas de abundante vegetación y tierra fértil, que nos protege del viento y del chispeo de la lluvia. Las montañas, cercanas, nos ofrecen unas vistas que nos animan a seguir subiendo. Pronto el bosque deja paso a una ladera de rocas descarnadas, la morrena del antiguo glaciar que dio forma al valle. Subimos como podemos, y con la altura vamos encontrando nieve acumulada entre las rocas. Las montañas a nuestra espalda van creciendo imponentes pero lo mejor está por venir; en la cima de nuestra escalada está el mirador de las Torres.


El mirador ofrece una vista sobre un lago de aguas blanquiazules rodeado por rocas, sobre las que las tres torres del Paine se yerguen majestuosas. Las nubes se despejan lo suficiente como para que podamos disfrutar del esfuerzo realizado y para echarnos unas fotos con las que recordar la gesta. Encontramos en la altura otros compañeros de escalada con los que charlamos y nos relajamos, al fin; un muchacho chileno, otro vasco, una pareja... ¡Victoria!


El descenso se nos hace mucho más corto después de lo que hemos visto. Según bajamos, el sol empieza a hacer acto de presencia. Nos terminamos de secar con él y hasta pasamos calor. Como dice el título, Cuatro estaciones en un día. Suficiente por hoy.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Llegada a las Torres

Hoy va a ser un día muy largo, porque vamos a hacer tres excursiones con las que vamos a entrar en el Parque Nacional de las Torres del Paine.

Salimos de Puerto Natales muy temprano, desde uno de los antiguos muelles de la ciudad. El barco nos lleva a recorrer el fiordo de la Última Esperanza. El día es bueno, pero algo nuboso. Desde la cubierta del barco, en la que entramos y salimos para esquivar el frío cortante del aire, vemos colonias de cormoranes y de leones marinos. También nos acercamos a glaciares, el más impresionante, el de Balmaceda, donde desembarcamos para dar un breve paseo hasta su lengua. Allí nos explican someramente la mecánica de formación de estos ríos helados y también de su evolución. En los últimos tiempos, todos los glaciares se han ido retrayendo. Ese retroceso nos permite observar los tremendos efectos de su erosión, como morrenas y cuencas que llenan lagos blanquecinos por la “harina” de roca producto del desgaste de la roca.


Comemos salmón en una pequeña hostería con vistas al glaciar que hemos visitado. Comida que se nos repetirá a lo largo del día. En el embarcadero donde encontramos a un pequeño Martín Pescador tomamos una zodiac en la que remontaremos el río Serrano, en una travesía que dura aproximadamente una hora, hasta la entrada del Parque Nacional.

El siguiente paso es movernos en un monovolumen con un guía que, aunque no muy claro, nos permite obtener una vista general del Parque. El vehículo nos lleva primero hasta la morrena del glaciar Grey, donde nos impacta ver flotando icebergs azules de formas imposibles flotando en las aguas blanquiazules. Nos inquieta el frío viento cortante, del que probaremos más en los días siguientes. A continuación, con alguna demora innecesaria, visitamos varios miradores a lo largo del río Paine. Vemos hermosos pájaros, guanacos y hasta una mofeta. También ganamos algunas vistas del imponente macizo de las Torres y una explicación de su origen geológico. Su presencia domina el paisaje y nos abruma. Las fotos que hacemos hablan por sí mismas.


El viaje termina, tras un excitante trayecto por un estrecho puente, en el refugio Las Torres. Es acogedor, pero un poco más impersonal que otros alojamientos puramente chilenos por la presencia de tanto extranjero, mayormente europeo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

EL SUR DEL SUR

La llegada a Punta Arenas fue algo accidentada. Aterrizamos con hambre y sueño, agotados del viaje y el día sufrido. Incluso renunciábamos a comer, ya sólo un sitio con cama donde ser acogidos bastaría. Sin embargo hubo un problema con nuestra reserva (una vez más) y nuestras habitaciones habían sido cedidas a un grupo. Así que nosotros quedabamos alojados en un espacio de 3x3metros. Tras momentos de tensión la situación se normaliza y recuperamos nuestras habitaciones reservadas a costa de respirar un extraño ambiente en toda la casa. Esto no impide que descansemos como reyes, no había otra opción.

Por la mañana salimos a pasear por la ciudad. Dejamos el billete a Puerto Natales comprado y las maletas preparadas para embarcar y partimos libres a caminar.

La ciudad parece desolada, deshabitada, no hay gente por las calles, nada de vida, el sol no brilla, todo es gris, el frío cala hasta los huesos. Calles de arena, aceras viejas o poco cuidadas, jardines abandonados donde el cesped crece sin control, casas bajas, muy pocos edificios en el horizonte, nada parece corresponder con una ciudad de más de cien mil habitantes. Más me parece un pueblo en el fin del mundo. Caemos en la cuenta de que es el día de la Inmaculada y puede que sea fiesta.
Algunas casas alrededor de la plaza Muñoz Gamero muestran el esplendor que vivió el lugar. Europeos venidos a principios del s. XX enriquecieron con la ganadería y ahora sus casas son edificios públicos. Pequeños y grandes palacios hechos en piedra al estilo europeo de la época.

La costanera es algo más entretenida, un paseo marítimo con miradores al mar, el estrecho de Magallanes, y al otro lado la isla Porvenir. Callejeamos algo más hasta el museo salesiano, donde se cuenta la historia de las culturas y pueblos que habitaban la zona antes de la colonización. Al menos así lo venden, aunque contaba más de la evangelización llevada a cabo por los jesuitas que de los pueblos que allí habitaron. Una extraña sala cuenta el proceso de extracción del petroleo y el trabajo de las refinerías. Todo ello dentro del mismo centro salesiano.

Salimos pensando en comer, y nos dirigimos al mercado, recomendado por la oficina de turismo. Inmejorable si queremos comer pescado. Pero una vez más, y ya van dos en dos días, volvemos a estar al límite, poner a prueba nuestra suerte. Picamos, nos sentamos a comer con la garantía de que será rápido, y acabamos pidiendo que nos lo pongan “para llevar” o no llegamos a la estación. Así que aromatizamos el autobús con el olor a chupe, de camarones y de marisco, una especie de brandada o paté que dio para mucho.

Llegamos a Puerto Natales a buena hora para descansar, pasear, cenar pronto. Pasamos por el hostal Casa Cecilia, un lugar de montañeros, lleno de alemanes, un ambiente mucho más frío que el vivido en el resto de alojamientos de Chile. En la oficina de la agencia que nos ha gestionado las reservas, 21 de Mayo, nos cuentan en qué va a consistir la excursión contratada para el día siguiente. Suena estupendamente. Compramos provisiones para el monte y un buen vino para celebrar de noche las excursiones culminadas. Cenamos en un restaurante recomendado -La Picada de Carlitos- parrillada, congrio y ceviche. Con las comidas nos hemos integrado muy bien y afortunadamente no hemos tenido ninguna indigestión ni percance grave.

Se va haciendo tarde y aunque el atardecer ilumina el cielo hasta las once de la noche nosotros sólo tenemos tiempo para un pequeño paseo por la costanera y vuelta al hotel para descansar. Mañana será un día lleno de emociones. Veremos las torres del Paine.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

UN DÍA APROVECHADO

La mañana nos despertó en la terraza del palafito. La marea baja había retirado toda el agua bajo nuestros pilares y frente a nosotros quedaba la cuesta que daba acceso a la ciudad. Nos entretenemos bajo el sol matutino leyendo los libros de la casa, Neruda y la historia de las iglesias de la zona. El desayuno lo tomamos en el palafito de la madre de la dueña, unos números distante. El encanto de estas casas es indudable y nos apetecería quedarnos más, mucho más, descansando sin prisa.
El día no va a permitir esos lujos. Tenemos un apretado horario; visitar el mayor número posible de iglesias en la zona. Son famosas por ser de influencia europea, pero construidas según los cánones chilenos de la época; en madera. La mayoría fueron edificadas a finales del s. XIX y están desperdigadas por todos los pueblos de la zona, tanto en la isla principal, Chiloé, como en todas las islas adyacentes.
La visita comienza por la ciudad donde dormimos, Castro, la mayor población de todo el conjunto de islas. La iglesia principal, en la plaza de armas, es llamativa, altiva y con un bonito y decorado interior. Fue planificada para ser hecha en piedra, pero el constructor decidió ejecutarla en madera, y curiosamente está cubierta con un revestimiento de chapa que imita la piedra,..., y engaña. Compramos algunos libros que habíamos visto en nuestro palafito y nos habían encantado. Y salimos a recorrer iglesias del camino como en una peregrinación.

En Nercón la iglesia está vieja, parece una anciana que se aguanta sobre su bastones con mucho trabajo. El pueblo es solitario y pequeño, lo que da un encanto al ambiente. Podríamos estar en una aldea gallega si la iglesia estuviera hecha en piedra. Vilupulli tiene una iglesia cercana al mar, más cuidada, donde se ofician ceremonias y eso la mantiene más viva y joven. El interior es sencillo y como único material utilizado, la madera. Incluso las columnas son troncos de árbol revestidos con tablones de madera. El siguiente pueblo en nuestro recorrido, Chonchi, es mayor y su iglesia ocupa el mismo centro de la población, pintada de colores alegra la p
laza y la vista de todo el entorno.
Acaba la ruta hacia el sur. Damos media vuelta y retornamos a Castro, continuando el camino a los pueblos al norte. Vistamos Dalcahue, junto al mar, la torre de la iglesia nos indica el camino. Su interior también
muestra que es un lugar lleno de vida. Aprovechamos para pasear por
la feria de artesanía y reponer algo de fuerzas con unas buenas empanadas. Hoy no habrá posibilidad de más comida.
No queda tiempo para ver todo lo que nos gustaría y tenemos que elegir entre dos opciones; cruzar en ferry a la pequeña isla de Achao o seguir en
la isla principal de Chiloé. Finalmente nos parece más seguro quedarnos de este lado. Dejamos Achao para el próximo viaje a Chile.
Los caminos de tierra y piedra se llaman en Sudamérica ripio. Con este camino recorremos toda la costa, dándonos buenas vistas del mar interior y las islas, pero a cambio nos dejamos los suspiros y los riñones en cada bache. El ripio se eterniza y sólo visitando la iglesia de San Juan vemos que es inviable parar en ninguna otra fuera del camino. Llegamos a Quenchi con gran esfuerzo y elegimos volver a la carretera principal a partir de ahí para evitar el ripio.
Aquí no acaban nuestros agobios, más bien empiezan. A la velocidad máxima posible que permite la carretera en obras y llena de camiones, unos 50km/h, llegamos al puerto de Cachao para coger el ferry, la gasolina es poca pero nos llegará unos 50 km más. Pero, ¡horror! Nos dicen que no hay gasolineras hasta Puerto Montt, a unos 100 km! La única solución sería volver atrás y llenar el depósito en el pueblo anterior, Ancud, a unos 25 km, lo que supondría perder en avión. Nuestra cara de desesperación es tal que el pobre funcionario de puertos cede y nos cuenta un truco, a unos 100 metros un vecino vende queroseno a conocidos y despistados. Parecemos perros de presa, hacemos una batida por toda la calle, preguntamos en tiendas, puestos, a cualquier ser viviente que vemos y damos con el hogar de nuestro ilegal salvador. Y ahí rellenamos el motor con una sustancia que al menos hace que el motor funcione. El vendedor la llama bencina; no intentamos descubrir qué es. Una vez relleno el depósito, comprobamos con alivio que el nivel de combustible sube hasta 3/10, aunque el indicador no nos parece tan nítido como con su legítima carga. Las rayas antes tan rectas ahora parecen hacer “S”. Nos vale. Volvemos volando al puerto, donde el mismo funcionario nos cuela y entramos en el siguiente ferry. El camino hasta el aeropuerto es más tranquilo, ya sabemos que sólo un corte de la carretera o un pinchazo nos haría perder el vuelo. Es verdad que aún no estamos seguros de llegar.






















Pero llegamos y con sólo cinco minutos de retraso, devolvemos el coche y hacemos todo lo posible por liberarnos de las maletas.
El día entretenido y estresante guarda una última sorpresa: el vuelo Puerto Montt-Punta Arenas, que sobrevuela los Andes nos dejará tremendas vistas de volcanes, glaciares, campos de hielo, algo así como un vuelo turístico dentro del mismo precio. Difícil de ver lo que contemplamos desde el cielo.


martes, 6 de diciembre de 2011

Curiosidades - "Al tiro"

Después de ya casi una semana de viaje ya tengo una selección de unas 100 fotos comentadas y colgadas en Picasa. Así que puedo ahora con tranquilidad redactar mis primeras líneas en este blog para la tranquilidad de Ismael.

Como digo, ya ha pasado una semana y yo voy a escribir sobre las curiosidades o cosas que me han llamado la atención en Chile, expresiones lingüisticas, detalles que se me han ido grabando y que es mejor fijar ahora.

Al llegar a Santigo de Chile me resultó llamativo la cantidad de perros que había por todas partes, plazas, jardines, calles, delante de comercios. La mayoría tumbados, casi con apariencia de estar muertos. Del aspecto, ya os podéis imaginar, sucios y pulgosos. Lo llamativo era como digo la cantidad, el aspecto pero también su tranquilidad. Ninguno agresivo. La primera noche en Santiago paseamos desde el B&B hasta el centro, la Plaza de Armas, allí es donde más había. Claramente eran perros vagabundos, incluso en la Plaza de la Constitución que está frente al Palacio de la Moneda, sede presidencial, había muchos perros. La plaza de la Constitución nos pareció muy desangelada y triste, apenas iluminada. Si no fuese por la policia que vigila el palacio de la Moneda daría incluso miedo. Pero volviendo al tema de los perros, el cambio a otras ciudades tan solo confirmó que era un panorama general en Chile, perros por todos lados, frente al supermercado, paseando por las aceras, incluso vimos a alguno que se apuntó a la carrera popular que hubo el día siguiente a nuestra llegada.

A nuestra llegada a la zona de naturaleza, muy al sur de Santiago no pude evitar preguntar al guia que nos acompañó al Parque Nacional Huerquehue sobre los perros. Fue el quién nos confirmó que todos los perros que hemos visto hasta ahora son perros “vagos”. Viven exclusivamente de la comida que la gente les da. Los perros son tan tranquilos y amables ya que cada persona es potencialmente alguien que los puede alimentar, así que jamás un perro vago te ladrará en Chile.

Los viajeros israelitas: a lo largo del viaje nos estamos cruzando con turistas de diferentes países. La mayoría norteamericanos y europeos (franceses, alemanes), también bastantes brasileños. Los reconoces rápidamente al oirlos hablar pero el hebreo es un idioma al que no estamos acostumbrados y no es fácil reconocerlo. Es sabido que el servicio militar en Israel es obligatorio tanto para hombres como para mujeres. Los hombres hacen 3 años, las mujeres dos. Lo que no sabíamos es que al terminar reciben ayudas económicas del gobierno israelí para viajar por el mundo. Muchísmos de ellos viajan por sudamérica. El trayecto suele ser, Argentina, Chile, Perú, Bolivia y terminan en Brasil haciendo coincidir el final del viaje con el carnaval. Esta información nos la dió nuevamente un guía de turismo. Nos comentó que vienen con el dinero ajustado para un viaje tan largo y que hacen un turismo de “supervivencia”, alojandose en los lugares más económicos y gastanto poco. Nosotros lo pudimos confirmar ya que tras visitar unos saltos de agua un chico no preguntó si podíamos llevarlo en nuestro auto de alquiler hasta la carretera para poder tomar un bus. Resultó ser un hebreo que estaba de año sabático y pensaba hacer la ruta que el guía nos había adelantado, por supuesto el final del viaje era Rio de Janeiro. Para esos últimos días guardan todo el dinero.

El cuerpo de bomberos en Chile. Otro dato curioso es que en Chile los bomberos son voluntarios. En cada pueblo, por pequeño que sea hay un pequeño retén de bomberos, con sus vehículos y pequeña oficina. Cada bombero trabaja voluntariamente entre 15 a 20 días al mes (echa jornadas tras su jornada normal de trabajo) y cuando no está en el parque tiene que estar localizado para una emergencia de gran magnitud. Este sistema permite al país tener un gran porcentaje de población preparada para actuar con diligencia ante grandes catástrofes. Y esto en Chile es muy importante. Aquí, en 1964, se produjo el terremoto de mayor magnitud de los registrados hasta hoy en día con una puntuación de 9,5

Y para terminar mi entrada al blog voy “Al tiro” con la expresión del viaje. Ya contó Ismael nuestra preocupación de si ibamos a conseguir tomar (que no coger) el bus que nos llevase de Santiago a Isla Negra. Otro problema podría ser la vuelta así que el conductor del bus que nos llevó nos aconsejó comprar los boletos “al tiro” cuando llegásemos a Isla Negra. Al tiro pudeo saber si me estás engañando o al tiro llegamos al siguiente punto de descanso subiendo al volcán. Yo le pido a Carolina que me de muchos besos al tiro. Vamos en el catamarán de regreso desde Peulla a Puerto Varas, voy a salir a cubierta a disfrutar del paisaje aunque como hace bastante viento probablemente regrese adentro al tiro :-)
Otras expresiones:

Una luca = 1000 pesos (esto nos sonaba de las películas argentinas)


La capa de ozono: resulta que el agujero de la capa de ozono está justamente encima de Chile y es por eso que el sol nos abrasa allá por donde vamos. Por más crema solar y de más factor de protección que nos echemos no conseguimos dejar de sentir nuestra piel recalentada.


Carreteras y cortes
. La autopista Ruta 5 está muy bien desde Santiago hasta Puerto Montt. Allí se convierte en la ruta Austral, dicen que la media es que por esa carretera pasa una media de 3 coches cada hora. Hemos conocido a un bilbaino que junto a una francesa que conoció aquí bajaron desde Puerto Montt hasta Punta Arenas haciendo auto-stop por la carreteral austral. El resto de carreteras del país se dividen entre carreteras convencionales de doble sentido con frecuentes cortes porque están reparando tramos y hay que esperar a que los que vienen en sentido contrario. Un eficiente operario da la vuelta a una señal de tráfico que indica Pare (stop) o Siga. Las carreteras de grava o ripio como llaman aquí. Un infierno para el conductor y un calvario para las empresas de alquiler de coche puesto que los devolvemos sucios de polvo y menos mal que no revisan los bajos porque la piedras deben haber abollado bien alguna parte...


Propinas
: un 10% del valor de la cuenta. Sí, hemos llegado a dejar 14€. En algunos sitios incluso cuando te traen la cuenta viene reflejada la propina sugerida.


Autobuses
. Como en otros países latinoamericanos que hemos visitado, suelen ser muy cómodos los de larga distancia. Siempre hay una asistente del conductor, es quién baja y sube las maletas y las etiqueta para su control, revisa los billetes al rato de haber salido el bus a su destino y está atento a cualquier necesidad del pasajero. Los buses suelen llevar una puerta que separa al conductor y al asistente de los pasajeros y todos tienen baño.


Gasolina. Un dato importante es que hay muchísimas gasolineras concentradas en pocos metros de distancia. En Puerto Varas contamos 5 en apenas 300m. Lo curioso de esto es que las gasolineras están en las poblaciones pero nunca en ruta lo cual nos supuso un apuro grande saliendo de Chiloé pues nos dimos cuenta de que no nos alcanzaba la gasolina para llegar al aeropuerto. Nos vendieron 10L en una casa!!

Pingüinos vivos y árboles muertos

Salimos de Puerto Varas un poco tarde, porque nos demoramos mirando recuerdos y cambiando moneda. Como referencia, el euro está a 670 pesos.

Conducimos el coche de alquiler por la carretera Panamericana hasta el ferry de Pangua, que nos lleva apretados, junto a otros coches y varios camiones, a Chacao, en la isla de Chiloé. El viaje es corto y entretenido.

Ya en Chiloé nos dirigimos hacia el Oeste, hacia Ancud. El pueblo nos sirve de lanzadera para visitar la pingüinera situada en el extremo noroeste de la isla. Conducimos nuestro pequeño Christler por caminos de ripio hasta la playa, desde la que vemos tres islotes. Huesos gigantes de ballena se blanquean al sol entre las casas de los pescadores. Nos llevan hasta unos barcos y rodeamos los islotes; vemos pingüinos magallánicos y humbold; vemos también cormoranes, nutrias marinas y muchas, muchas algas. Es un ecosistema singular, extraño. y vivo.Nos quedamos con las ganas de ver una ballena azul pero aún rondan lejos de la costa en esta época del año. Los pingüinos son simpáticos y apacibles; los patos, veloces; las nutrias, histriónicas y ágiles.


De vuelta a Ancud, pasamos por la playa Mar Brava, pero no encontramos las tan aclamadas rocas basálticas. Ya nos vamos dando cuenta, entre trayecto y trayecto, de que el camino de ripio es más lento y farragoso de lo que parece. Nuestra velocidad apenas si llega a los 40 km/h.

De camino a Castro, decidimos desviarnos hacia Chepu, en la costa Oeste, pues al día siguiente vamos a concentrarnos en la costa Este y sus iglesias. Otro camino de ripio nos lleva hasta una zona desolada, anegada por las aguas saladas. Hubo aquí una inundación producida por un maremoto en los años sesenta; las aguas entraron en las zonas más bajas y dejaron un camposanto de árboles muertos, troncos blanquecinos ergidos sobre la nueva llanura fluvial.

 Hablamos con un viejo pescador, que a pesar de la hora (son más de las ocho de la tarde) accede a llevarnos en bote por la zona. Ponemos proa hacia la desembocadura del río. Bandadas de pájaros vuelan con nuestra estela y un león marino salta frente a nuestro bote. Vemos a los animales en su salsa, divertidos y asustados. Los últimos rayos del sol se reflejan en la superficie y llegamos al Pacífico, bravo y agitado. Damos la vuelta. Remontamos el río ahora hacia el dominio de los troncos sin vida, que deja estampas preciosas grabadas en nuestras retinas. Río de vida y de muerte, recuerdos ergidos y contradictorios que se alzan sobre las aguas, como un bosque de la memoria.


Disfrutamos. Disfrutamos mucho.

A la vuelta a Castro nos espera otra sorpresa; el palafito que hemos reservado nos aguarda alzado sobre pilares en el lago. Es precioso. Qué pena que no podamos saborearlo como nos gustaría, porque es ya tardísimo. Nos tomamos un buen merecido descanso.