jueves, 15 de diciembre de 2011

Update, again

Ya están actualizadas nuestras aventuras por el Parque Nacional de las Torres del Paine. Todas las entradas están agrupadas bajo la etiqueta Patagonia. ¡Que las disfrutes, lector amable!

martes, 13 de diciembre de 2011

Isla de Pascua

¡Noticias frescas! Después de una larga travesía desde la Patagonia, que ha incluído más de 24 horas de viaje entre autobuses, esperas y aviones, ¡hemos llegado a la Isla de Pascua! El último tramo se nos ha hecho corto a pesar del grupo de escolares que llenaba el avión. Estoy escribiendo ahora mismo desde el alojamiento, unas cabañas mantenidas por una familia muy acogedora. Después de darnos la merecidísima ducha, vamos a ir a comer y a discutir los planes para mañana; probablemente realicemos una visita por la isla para llevarnos una impresión general, y después alquilemos un coche.

Hace calor y el agua del Pacífico tiene una pinta muy, muy refrescante.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Pico contra madera

Cinco y media de la mañana; Lourdes y yo nos levantamos, con todo el cuidado que podemos, de la habitación del Refugio que compartimos con Caro y con Luis. Ya entra luz por la ventana, las mañanas son tempranas en la Patagonia. Nos abrigamos como si fuéramos Admunsen en su expedición al polo y salimos a caminar.

En cuanto empezamos a caminar hacia el Valle Francés, nuestro destino de la mañana, nos damos cuenta de que va a ser un buen día. Nos vamos quitando ropa; la temperatura es perfecta y nuestro camino nos lleva por colinas de maleza y ocasionales árboles que nos protegen. No hay nadie más, sólo nosotros dos andando ligeros y decididos a aprovechar al máximo nuestra estancia. Cruzamos arroyos y bordeamos lagos. Subimos y bajamos cuestas. Y finalmente cruzamos un largo puente colgante hasta nuestro Rivendel, el Campamento Italiano en la entrada del valle.

Aún tenemos un poco de margen de tiempo para caminar. Un guarda forestal nos recomienda continuar subiendo por el valle un poco más hasta el mirador del Glaciar Francés; le hacemos caso. El valle tiene en su centro un caudaloso río de montaña y a sus orillas, árboles y piedras se mezclan. Nos detenemos largo rato para contemplar a un pájaro carpintero que nos reta picando con energía en un árbol; nos maravillamos del animal, de su desafío, de sus fuertes garras, del sonido de su pico.

Seguimos subiendo y llegamos finalmente al mirador. El glaciar se divide en dos partes, separadas por una abrupta pared; vemos caer con gran estruendo nieve y hielo desde la superior hasta la inferior, donde forma una pequeña montaña blanca. Grabamos la imagen en nuestra memoria y emprendemos el descenso, que se nos hace cómodo por la buena temperatura y por lo que hemos disfrutado. Silenciosamente nos vamos despidiendo de las Torres, de su majestuosidad y de su naturaleza, de su salvaje belleza.

El catamarán nos recoge a las 12:30 y a la llegada, enlazamos con el autobús de línea hacia Puerto Natales, a donde llegamos a media tarde. Mientras Lourdes y yo nos reponemos en La Picada de Carlitos, Luis nos da una mala noticia; ha descubierto que su cámara de fotos se ha extraviado durante alguno de los trayectos. El siguiente autobús, que nos lleva hasta el aeropuerto de Punta Arenas, nos deja otra pincelada de mala suerte; la mochila de Carolina se ha quedado en Puerto Natales debido a una negligencia de los operarios de los autobuses. Caro y Luis hacen todo lo que se puede hacer por dejar parte de lo ocurrido; ya no se puede hacer más que esperar suerte y seguir el camino.

Desde el aeropuerto enlazamos con Santiago y desde allí a Isla de Pascua. Más de 24 horas de viaje. Lo más importante, sanos y a salvo.

Update

¡Hola de nuevo! Hemos estado varios días desconectados de internet, en los refugios del Parque Nacional de las Torres del Paine, en la lejana Patagonia. Ahora que hemos terminado esa parte de nuestro viaje esperamos poder actualizar el blog y añadir las entradas que nos faltan.

Entre tanto, aquí van algunas de las nuevas que acabamos de añadir:
- Al sur del sur
- Un día aprovechado
- Pingüinos y árboles muertos

¡Seguiremos informando!

domingo, 11 de diciembre de 2011

Glaciares lejanos

Es nuestro segundo día en el parque nacional de las Torres del Paine. Nuestro plan es llegar por la mañana al Refugio Grey para hacer la ruta del glaciar durante el día. Para ello tenemos que coger algunos autobuses y un catamarán, en una combinación compleja que nos han asegurado está sincronizada.

Lo primero que hacemos es coger a las 09:00 el transfer del Refugio Torres, que en teoría nos enlaza con el autobús de línea regular que viene de Puerto Natales camino del embarcadero del catamarán. Después de todas las consultas que hicimos, resulta que no, que no están sincronizados los tiempos y que tenemos que esperar a que venga el autobús de línea regular desde las 09:15 hasta las 10:00. Eso quiere decir que no vamos a poder coger el catamarán antes de las 12:00; casi toda la mañana perdida. El autobús de línea regular llega efectivamente a las 10:00 y nos deja en el embarcadero, donde esperamos un poco más para poder coger el catamarán. A las 12:45 por fin estamos en el Refugio, no muy contentos con la poca rigurosidad que hemos encontrado.

En fin, poco podemos hacer, más que ponernos los zapatos y comenzar de nuevo a andar. La ruta es mucho más llana que la del día anterior y nos lleva en paralelo al lago Grey. Hace buen día, pero un terrible viento nos azota cada vez que nos asomamos al lago. Menos mal que durante la mayor parte del tiempo estamos protegidos por árboles y por las propias colinas alrededor del lago.

La primera mitad de la ruta termina en un mirador desde el que se ven las dos mitades del glaciar, divididas por un islote. No parece gran cosa desde lejos, pero es que aún estamos a varios kilómetros de distancia. El glaciar Grey se alimenta desde el llamado Campo de Hielo, una enorme extensión nevada que alimenta a varios glaciares en la Patagonia. Carolina y Luis lo dejan en este punto; este glaciar no es comparable al Perito Moreno, que ellos ya han visto en Argentina. Lurdes y yo continuamos. La segunda mitad del camino es muy parecida a la anterior, pero se vuelve un poco más rocosa. Al final, quedamos frente a una de las mitades del glaciar. Aunque aún está lejos, distinguimos su magnitud y escala. No hay muchas oportunidades de ver una lengua como esa, azul y blanca, chocante contra el verde de la vegetación y el gris de la montaña.


Con las piernas cansadas volvemos de nuevo a nuestro Refugio. Las rutas van pasando factura que nuestro cuerpo intenta recuperar con la comida y con el poco descanso que le damos. Mañana, Lurdes y yo nos levantaremos a las 05:30 para completar la parte que podamos de la ruta del Valle Francés antes de que tengamos que despedirnos del Parque.


sábado, 10 de diciembre de 2011

Cuatro estaciones en un día

El pack lunch en el refugio es muy completo; bocadillo, barrita energética, agua, fruta y un brownie. Lo cargamos en nuestras mochilas junto con un poco más de agua y todo tipo de ropa; pantalones contra lluvia, guantes, gorros... no sabemos qué tiempo nos va a hacer. El cielo anuncia nublado y chispea un poco.

Comenzamos a caminar tras el desayuno, no demasiado temprano. Luis nos cuenta que Caro se despertó anoche como en una pesadilla, menos mal que esta vez dormía en la litera inferior. Sólo un susto, quizás debido a que estamos cenando tarde y acostándonos pronto.

La ruta de hoy es quizás la más exigente de todas las que vamos a hacer. La primera parte es toda subida pero sin excesiva pendiente. Aprovechamos para fijarnos en los pájaros, los hay preciosos. Los prismáticos de Lurdes se hacen valiosos. Comienza a chispear, y según ascendemos, la lluvia se convierte en nieve. Pronto tenemos los pantalones empapados, y aunque nos ponemos los cubres de lluvia, ya los tenemos mojados. Seguimos la subida como mejor podemos; hace frío y la cuesta con agua se hace más difícil. Tampoco podemos ver mucho paisaje por las nubes.

Después de un rato que se nos hace interminable, conseguimos superar la primera mitad, y nos encontramos en un valle entre los montes. La vegetación cambia completamente, y de andar entre arbustos pasamos a andar entre árboles frondosos y verdes que bordean arroyos de montaña y ocasionales puentes colgantes. Inmediatamente tras superar la cuesta inicial nos detenemos en el Refugio Chileno, donde nos despojamos de la ropa mojada que secamos en una concurrida estufa. Esperamos algo más de una hora a que el tiempo escampe y a que nuestras ropas se sequen, mientras tanto comemos y reponemos fuerzas.

Con el tiempo algo más amigable, continuamos la ruta cerca del mediodía. Este nuevo paisaje nos fascina; subimos y bajamos colinas de abundante vegetación y tierra fértil, que nos protege del viento y del chispeo de la lluvia. Las montañas, cercanas, nos ofrecen unas vistas que nos animan a seguir subiendo. Pronto el bosque deja paso a una ladera de rocas descarnadas, la morrena del antiguo glaciar que dio forma al valle. Subimos como podemos, y con la altura vamos encontrando nieve acumulada entre las rocas. Las montañas a nuestra espalda van creciendo imponentes pero lo mejor está por venir; en la cima de nuestra escalada está el mirador de las Torres.


El mirador ofrece una vista sobre un lago de aguas blanquiazules rodeado por rocas, sobre las que las tres torres del Paine se yerguen majestuosas. Las nubes se despejan lo suficiente como para que podamos disfrutar del esfuerzo realizado y para echarnos unas fotos con las que recordar la gesta. Encontramos en la altura otros compañeros de escalada con los que charlamos y nos relajamos, al fin; un muchacho chileno, otro vasco, una pareja... ¡Victoria!


El descenso se nos hace mucho más corto después de lo que hemos visto. Según bajamos, el sol empieza a hacer acto de presencia. Nos terminamos de secar con él y hasta pasamos calor. Como dice el título, Cuatro estaciones en un día. Suficiente por hoy.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Llegada a las Torres

Hoy va a ser un día muy largo, porque vamos a hacer tres excursiones con las que vamos a entrar en el Parque Nacional de las Torres del Paine.

Salimos de Puerto Natales muy temprano, desde uno de los antiguos muelles de la ciudad. El barco nos lleva a recorrer el fiordo de la Última Esperanza. El día es bueno, pero algo nuboso. Desde la cubierta del barco, en la que entramos y salimos para esquivar el frío cortante del aire, vemos colonias de cormoranes y de leones marinos. También nos acercamos a glaciares, el más impresionante, el de Balmaceda, donde desembarcamos para dar un breve paseo hasta su lengua. Allí nos explican someramente la mecánica de formación de estos ríos helados y también de su evolución. En los últimos tiempos, todos los glaciares se han ido retrayendo. Ese retroceso nos permite observar los tremendos efectos de su erosión, como morrenas y cuencas que llenan lagos blanquecinos por la “harina” de roca producto del desgaste de la roca.


Comemos salmón en una pequeña hostería con vistas al glaciar que hemos visitado. Comida que se nos repetirá a lo largo del día. En el embarcadero donde encontramos a un pequeño Martín Pescador tomamos una zodiac en la que remontaremos el río Serrano, en una travesía que dura aproximadamente una hora, hasta la entrada del Parque Nacional.

El siguiente paso es movernos en un monovolumen con un guía que, aunque no muy claro, nos permite obtener una vista general del Parque. El vehículo nos lleva primero hasta la morrena del glaciar Grey, donde nos impacta ver flotando icebergs azules de formas imposibles flotando en las aguas blanquiazules. Nos inquieta el frío viento cortante, del que probaremos más en los días siguientes. A continuación, con alguna demora innecesaria, visitamos varios miradores a lo largo del río Paine. Vemos hermosos pájaros, guanacos y hasta una mofeta. También ganamos algunas vistas del imponente macizo de las Torres y una explicación de su origen geológico. Su presencia domina el paisaje y nos abruma. Las fotos que hacemos hablan por sí mismas.


El viaje termina, tras un excitante trayecto por un estrecho puente, en el refugio Las Torres. Es acogedor, pero un poco más impersonal que otros alojamientos puramente chilenos por la presencia de tanto extranjero, mayormente europeo.